Editorial

Cómo el skate sobrevive a las adversidades

Historia de una disciplina de la calle: cómo el skate sobrevive a las adversidades
Por: Pau Marcos Morales

skate sobrevive

La crisis no puede arrebatarle el presente y sus practicantes le aseguran el futuro

Avanza rápido y ruidoso por la calle, sorteando a todo aquel que le sale al paso. Le miran mal y alejan a los niños de su trayectoria para evitar que los envista. Se impulsa con el pie derecho o izquierdo, calzando zapatillas deportivas desgastadas, mientras el izquierdo le sirve de timón y le guía hacia su destino, la pista donde le esperan sus amigos, con los que pasará toda la tarde. En su cabeza solamente un pensamiento: conseguir reproducir lo que hace unos minutos ha visto en un vídeo mal grabado y dejar a todo el mundo impresionado.

Esta escena se reproduce a diario en las calles de muchas ciudades del mundo. Se ve hoy, pero también se veía hace cincuenta años. Jóvenes saliendo para hacer aquello que les gusta, aquello con lo que ocupan su tiempo libre, aquello que comparten con sus amigos: practicar skate.

Nacido a mediados del siglo XX en Estados Unidos, los americanos no tardaron en exportar una nueva práctica a la que no se sabe si darle el status de deporte. Su expansión hacia Europa fue rápida, y a la Península Ibérica llegó, como tantas otras cosas, por mar. A través del Cantábrico y del País Basco, llevado por aquellas extrañas criaturas que venían de otros países para, como ellos decían, surfear las olas y que un día salieron del agua para deslizarse sobre pequeñas tablas con ruedas.

Sancheski vió posibilidades de negocio y patentó el primer skate, monopatín, como lo conocía todo el mundo

Eran mediados de los años 60 y alguien vio posibilidades de negocio en esos artilugios. La empresa Sancheski patentó el primer skate, o monopatín, como lo conocía todo el mundo. Sin embargo, el atrevimiento de la empresa no supuso un éxito inmediato, pues hasta entrada la década de los 70 no fue habitual ver a niños desplazándose con una tabla bajo los pies. Y así llegó a Cataluña, donde se instauró con fuerza, echando raíces cuando algunos aventajados se atrevieron con los primeros trucos y piruetas. Estos plantaron una semilla que ha crecido hasta hoy.

Este crecimiento, sin embargo, no ha sido continuado. El skate se ha caracterizado por ser una práctica que vive de modas, y éstas son cíclicas. Desde su implantación en los 70, el skate ha combinado años de esplendor y de declive en cada década. Sergi Arenas, skater y constructor de skateparks, tiene una teoría clara al respecto: “El skate lo empiezan a practicar chavales jóvenes, preadolescentes. Si se te da bien, en pocos años evolucionas, pero llegan a una edad en la que les interesan otras cosas: salir de fiesta, las primeras novias… Y el skate pasa a un segundo plano. Ves que la gente desaparece, pero al cabo de los años, cuando se cansan de tanta fiesta, vuelven a coger la tabla.

Los clubes han tomado el relevo de las tiendas en la organización de eventos y competiciones

Pero la pregunta que surge es, ¿Si el skate vive en ciclos, en qué punto se encuentra hoy en día? Para David Gimeno, skater veterano, la práctica se ha estabilizado después de pasar muy buenos años, y prevé un descenso tanto en la práctica como a nivel comercial para los próximos años. Para Tony, propietario de la tienda especializada Impact Board, el descenso ya ha llegado: “La crisis y la aparición de otras disciplinas ha afectado mucho. Los niños se suben a un skate y les cuesta evolucionar y mejorar. En cambio, cogen un scooter (patinete) y el primer día ya están saltando.

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Sin embargo, los problemas para el skate parecen estar reservados al ámbito económico. No se trata de una disciplina especialmente económica: las tablas se rompen, las ruedas se gastan y los zapatos duran poco. Las pequeñas tiendas han notado el descenso en las ventas, y ya no se pueden ocupar de la organización de eventos y exhibiciones con las que buscaban captar nuevos clientes y donde los skaters locales podían exhibirse. Ahora, para muchos comercios esto supone una inversión que no se recupera.

No obstante, en Cataluña alguien ha tomado el relevo. Los clubes de skate han proliferado en los últimos años y han tomado el relevo, encargándose de las competiciones que han abandonado las tiendas. Y esto ha sido gracias a la iniciativa de unos pocos aficionados, que hace unos años decidieron institucionalizar el skate. “Lo que se buscaba era conseguir más instalaciones para la práctica de la disciplina y se trabajó para que la administración lo considerara un deporte. Así es más fácil reclamar espacios y exigir que éstos sean de calidad”, relata Sergi Arenas. “Además, lo introducimos en INEFC, para que los futuros profesores de educación física tengan la posibilidad de enseñarlo en futuras clases”, añade. No solamente se han creado clubes, también se ha organizado un circuito nacional y se llegó a crear una selección catalana.

Además, se han conseguido nuevos espacios y construido skateparks teniendo en cuenta las opiniones de los skaters, aunque Arenas avisa sobre lo que esto puede comportar: “La construcción de nuevas infraestructuras puede ser la excusa para echar a los skaters del resto de la ciudad. Ahora que ya tenemos un espacio, corremos el riesgo de que nos encierren en él.” Más que una sospecha, para algunos esto es ya una realidad. Nils Marín, skater de 21 años, narra cómo entre la comunidad se conocen casos de multas astronómicas por patinar por Barcelona: “La cifra llega hasta los 3.000 euros, simplemente por aprovechar spots (lugares donde se pueden practicar trucos y saltos) que nos ofrece la ciudad. Éstos la han hecho famosa, pero desde la administración cada día se controla más lo que se patina, y ahora incluso más con la excusa de los nuevos skateparks de la Mar Bella y Les Corts.

Por eso es importante la difusión del deporte, mirado con recelo por muchos sectores sociales. Para ello son claves eventos como el Extreme Barcelona, que traerá a algunos de los mejores riders del panorama mundial a Barcelona. “Además, se habilitarán espacios en la ciudad para la práctica del skate y de otras disciplinas, y se organizaran talleres para niños en varios colegios”, anuncia Elena Varea responsable de comunicación de un festival que busca aprovechar el caché de la Ciudad Condal en el mundo skate como escaparate.

El skate vive de la calle, de donde salen las futuras estrellas. El skate sobrevive y lo hará siempre.

Sin embargo, y pese a la importancia de los grandes eventos, el skate vive de la calle, donde se practica. De ella salen los futuros protagonistas de eventos como los XGames o el Extreme Barcelona pero, como en todos los casos, alguien debe descubrirlos. Y aquí es donde entran los pequeños equipos patrocinados por marcas o tiendas. Estos equipos son la meta de todo joven practicante, que se ve reflejado en esos chicos mientras envidia sus habilidades con el patín y su forma de vida. La marca Hydroponic, nacida en 2002 en Barcelona, ha conseguido una expansión considerable en sus 12 años de historia y, desde 2008, cuenta con un equipo que les representa. “El acuerdo con los riders es a cambio de material de la marca”, explica Jordi Quinto, responsable del equipo. “Buscamos a chicos que se muestren muy implicados con su carrera, intentamos controlar al máximo el circuito y formamos un equipo de cuatro miembros.” Y cómo a todo equipo pequeño, la amenaza de las grandes marcas también existe para Hydroponic, que ha servido de lanzadera para algunos skaters. “Damos apoyo a campeonatos y tiendas para fomentar la práctica y tenemos espíritu de “cantera”, la situación actual hace que vigilemos mucho a quien ayudamos. Tienen que hacer buen uso del material y organizar bien los eventos”, narra Quinto.

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Y precisamente, cantera siempre habrá para el skate. Se ha demostrado que los que aman practicarlo saben cómo tirarlo adelante, pese a la crisis y las trabas de algunos ayuntamientos. Sin embargo, ¿Qué futuro se le adivina al skate? Sergi Arenas lo tiene claro: “Estamos viviendo lo mismo que pasó en Estados Unidos, pero con 10 o 15 años de atraso. Hace 18 años en San Francisco “castraban” spots para que no se pudiesen patinar. Después empezaron a hacer skateparks con módulos prefabricados; pasaron a preguntarles a los skaters qué era lo que realmente querían y ahora se están construyendo espacios que integran la práctica del skate y la vida familiar. Nosotros nos encontramos a medio camino, y esperamos acabar igual que allí.

No dejas el skate porque te haces viejo, te haces viejo porque dejas el skate

Cómo llegó en su día el skate, llega ahora su futuro. Del otro lado del charco se marca el camino, se le busca su sitio a la disciplina en la ciudad y la sociedad. Allí, los chicos que van en su tabla esquivando peatones ya no tienen que aguantar tantas malas miradas y se pueden concentrar en disfrutar del skate, en crecer junto a él y a no abandonarlo por obligación. Porque cuando el skate te atrapa, es difícil olvidarlo. Como dice Sergi: “No dejas el skate porque te haces viejo, te haces viejo porque dejas el skate”.

Cómo el skate sobrevive a las adversidades

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De todas formas estamos convencidos que el skate sobrevive a todas las adversidades que se le presente.

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